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Dostoievski, un Absoluto en la Modernidad de David Cruz Barrio, Sánchez y Sierra Editores, 2008.
Dostoievski, un Absoluto en la Modernidad, de David Cruz Barrio, fue galardonado con el Premio Dámaso Alonso 2006 de ensayo y aparece ahora reimpreso en una nueva edición, que tuve la ocasión de presentar el 11 de junio en la librería La Central junto con Óscar Curieses.
Lo primero que uno lee al abrir este libro es una dedicatoria que dice:
“A Laura, que me tuvo que sufrir, al profesor Jesús García Gabaldón, por su desprendida generosidad; y a la imagen que yo mismo creé de mi Padre, porque siempre hay que tener un referente.
A Laura otra vez”.
Este fue el primer indicio de que me encontraba ante un buen texto. Me explico: la dedicatoria es el umbral del libro, el felpudo de bienvenida y –al menos a mí así me lo parece- en ella el escritor no sólo deja su gratitud sino que anuncia de manera condensada el contenido y la forma de lo que va a encontrarse el lector cuando traspase ese umbral. Y lo que uno se encuentra es un texto que anuncia tesón, originalidad y una enigmática relación con la figura del padre, que me hizo pasar rápidamente la página para seguir leyendo y descubrir más cosas sobre el libro.
Me detengo en recordar estos hechos anecdóticos y en analizar algo en apariencia tan periférico como puede ser la dedicatoria para entrar directamente –aunque parezca que lo haga por la puerta de atrás- en el contexto que enmarca este ensayo: la Modernidad. La periferia como parte central es un rasgo muy moderno, que aparece refutado y confirmado al mismo tiempo en el libro de David Cruz.
Siguiendo con su lectura, el lector se encuentra con un primer capítulo que arranca con una recreación del episodio de La Ilíada, en el que se recuerda el combate entre Ayax y Ulises por las armas de Aquiles y en el que se compara el triunfo de la retórica engañosa de Ulises sobre el valor auténtico de Ayax con el triunfo, al que nos tiene acostumbrados la Modernidad, de la visión parcial y subjetiva sobre la existencia de una Verdad y unos Valores Absolutos.
Y este es otro de los rasgos de este ensayo: el exponer cuestiones sumamente complejas con una facilidad, claridad, brillantez estilística y persuasión polémica, que convierten a un libro titulado Dostoievski, un Absoluto en la Modernidad en un texto muy atractivo y hasta entretenido.
¿Por qué digo que se trata de un texto de estilo claro y brillante? Primero, porque es un texto que engancha y que prácticamente se lee de un tirón, y segundo, porque es este estilo el que conviene al género del ensayo. A veces, los lectores tienen el prejuicio de que el ensayo es un texto pesado y aburrido porque están acostumbrados a una dieta monótona de novelas y porque las veces que se han animado a leer un ensayo han topado con manuales académicos que nada tienen que ver con el género ensayístico. El ensayo es una novela –o mejor, una trama- de ideas. Un discurso que avanza hacia un objetivo y que se vale de todos los recursos que la retórica pone a su alcance para persuadirnos de una determinada tesis. Si las novelas de Dostoievski, como afirma David Cruz en este libro, son novelas de tesis, el ensayo –podemos decir- es una tesis novelada. Y este ensayo está lleno de perlas retóricas, como las que podríamos encontrar en las mejores novelas. Por ejemplo, cuando se nos habla de la lucha interior y autodestructiva que atormenta al personaje prototípico de las novelas de Dostoievski, se compara esta lucha con la “de los osos que se enzarzan a descarnados zarpazos dentro de una cabaña, hasta que terminan por destruir todo el mobiliario”.
Los arranques de cada capítulo son además magistrales: “Un fantasma recorre la novelística de Dostoievski…” leemos en el principio del segundo capítulo que lleva el título genial de “Desde la madriguera y hacia dentro”.
David Cruz pone esta retórica al servicio de la defensa de una idea, que es al mismo tiempo, la lucha con una obsesión personal: comprender el pilar maestro que sustenta la novelística de Dostoievski. Y esta lucha se siente en la lectura del texto, en el que abundan los pasajes de apasionada discusión con los tópicos y las ideas que la crítica ha dejado sobre el novelista ruso. Dostoievski –afirma el autor- es un adelantado de la Modernidad porque es uno de los primeros escritores que retrata en sus novelas la “moral nihilista” que caracteriza a buen aparte de la estética y la ética modernas.
Esta tesis ha sido afirmada por muchos autores antes. Ahora bien, la originalidad de este ensayo radica en afirmar que este carácter de adelantado ha sido mal interpretado por la crítica y la recepción de Dostoievski, pues el novelista ruso profetiza este nihilismo no como un Baudelaire –otro visionario adelantado a su tiempo- que escribe para precipitar la nueva ética, sino como un cristiano ortodoxo que busca en sus novelas combatir lo que considera un avance imparable. Dostoievski no es un apologista de la modernidad sino un combatiente de la misma, y con esa resistencia paradójicamente la adelanta y la precipita.
Y es que, como decía otro gran escritor ruso, Iuri Tiniánov, la novedad es siempre percibida mejor por sus detractores que por sus defensores, al igual que la lengua acude rápidamente a lamer ese diente que molesta.
Esta es la antinomia paradójica de Dostoievski que, al igual que sus personajes, sintetiza en su figura dos corrientes en constante lucha y contradicción. Dostoievski adelanta la corriente de nihilismo moderna que triunfará a finales del siglo XIX, pero al mismo tiempo escribe las primeras líneas de esa literatura mesiánica que proliferará por la misma época. Con la diferencia de que, desde nuestra Modernidad nihilista, se ha visto sobre todo al Dostoievski pre-nihilista y no al Dostoievski cristiano.
Esta es otra de las tesis, a mi juicio, más interesantes del ensayo, que David Cruz se encarga de dejar en todo momento bien clara. El Dostoievski moralmente ambiguo, que gusta de presentarnos a personajes vacilantes en el límite que separa el crimen de la santidad, es un Dostoievski leído con los ojos modernos acostumbrados a la heroificación de este tipo de caracteres. Sacando un amplio muestrario de obras cinematográficas –el cine es quizás el género más representativo de la modernidad- que encumbran a este tipo de héroe dostoievskiano, David Cruz demuestra hasta donde han crecido las plantas cuyas semillas sembró a su pesar el novelista ruso.
Por lo tanto, aunque se trata de un libro centrado en la novelística de Dostoievski, en él podéis encontrar reflexiones que atañen a cuestiones literarias de un alcance más general, como por ejemplo: ¿cuáles son los mecanismos de simpatía y antipatía que pone en marcha una obra de arte? Aquí, tengo que decir que me parece muy interesante la reflexión que se abre sobre la diferente identificación heroica que producen los personajes trasgresores que salen ilesos, o los ridículos y perdedores en los diferentes contextos receptivos. Igualmente importante es la cuestión periférica que se plantea a raíz de esta que acabo de comentar: ¿De qué manera el proceso de identificación entre el lector y los personajes de una novela puede determinar la comprensión del significado de una obra y su valor estético?
El caso de Dostoievski no es el único caso en la historia literaria de comprensión defectuosa. Es más, la historia literaria está llena de deslecturas que han engendrado grandes descubrimientos literarios. Este es el tema recurrente de la Estética de la Recepción y, en parte, de la Deconstrucción, movimientos postmodernos que en esto- creo yo- acertaron de pleno. Otro escritor ruso, Víktor Sklovski, mencionaba el caso de la obra de Tolstói Guerra y paz como un ejemplo flagrante de desfase entre la voluntad significativa de su emisor y la lectura que recibió por parte de sus contemporáneos. Según Sklovski, Tolstói habría escrito Guerra y paz con el propósito de glorificar la sociedad nobiliaria y compensar la derrota en la guerra de Crimen, pero la obra fue entendida como una crítica de esta clase y su papel en la guerra. Se trata, en definitiva, de un fenómeno natural en la historia de la humanidad, que nos muestra cómo muchas veces los avances no son resultado de aciertos previos sino de errores: Colón murió convencido de haber llegado a la India pero en su error descubrió América.
Todo esto me lleva a discutir una de las tesis de este ensayo: efectivamente, Dostoievski es un novelista de tesis, como afirma David Cruz, que escribe para combatir el virus nihilista que se expande por la Modernidad. Ahora bien, los propósitos éticos que mueven la pluma de Dostoievski se ven subvertidos por la lógica estética que rige en una obra literaria y que ha hecho que ésta sea leída a través de los mecanismos de identificación con los personajes, que son uno de los motores estético-simpáticos por los que un lector se acerca a una novela, y no a través de sus mecanismos ideológicos. Como nuestro horizonte de expectativas es otro que el de Dostoievski, nuestros valores son también otros y es a través de ellos como evaluamos su obra.
¿Es un error de interpretación? Sí, y aquí está el ensayo de David Cruz para demostrarlo y para ofrecer una interpretación más justa de la obra de Dostoievski. Pero por otro lado se trata de un error natural, que ha posibilitado la aparición de personajes modernos magistrales como Travis de Taxi Driver o Brandon de La soga.
Y esto me lleva al tercer aspecto del libro, con el que concluyo: su carácter polémico. Al igual que Dostoievski en su día se opuso a los nuevos valores que surgían por entonces en Europa y que pronto habrían de extenderse con la rapidez de una enfermedad contagiosa, David Cruz no sólo se opone a las interpretaciones “clásicas” de Dostoievski sino que parece posicionarse también, como el novelista ruso, contra ese sistema de valores moderno que todavía hoy perdura. Y aquí ocurre algo similar a lo que el propio David Cruz afirma cuando nos habla de otro de los grandes intérpretes de Dostoievski, Rafael Cansinos Assens. De su obra se nos dice que es un ejemplo privilegiado de “cómo el ensayista debe fundirse con el artista analizado en perfecta comunión”. Y precisamente eso parece ocurrir también en el caso de David Cruz, que en su lucha por demostrar el carácter moral de las novelas de Dostoievski termina por defender en términos similares a los del autor ruso esa Ética del Absoluto, que todavía hoy parece estar tan poco de moda. En este sentido, no sólo la obra de Dostoievski sino también el ensayo de David Cruz, son ambos textos a contracorriente. Dostoievski, se nos dice, se vale de la retórica para combatir la retórica. David Cruz hace lo mismo y, en este sentido, ambos (Dostoievski y David Cruz) restauran la retórica, le devuelven su apoyo en la verdad, transforman su naturaleza verbal en carne sólida.
Pero existe todavía una similitud más entre los dos autores. Las novelas de tesis que escribió Dostoievski, demuestra el autor de este ensayo, buscan encumbrar un personaje bueno cuyo modelo se encuentra en la figura de Cristo. Para ello, el novelista ruso dedica la mayor parte de su novela a presentarnos el anti-modelo, el personaje nihilista que representa los valores opuestos al Cristo y que o bien, actúa como contrapunto del personaje positivo, o bien abandona su nihilismo para redimirse y acercarse al modelo cristiano. Que actualmente el personaje del soberbio maligno sea más atractivo que el del héroe redimido explica el mayor poder de seducción que tiene Iván Karamázov sobre su hermano Aliosha. Ahora bien, que el cristianismo de Dostoievski ocupe en sus novelas un lugar digresivo e incluso periférico no quiere decir que su voto esté del lado de aquel a quien dedica más páginas. De nuevo, –tesis deconstructiva- en la periferia parecen encontrarse las claves centrales de la novelística de Dostoievski: el escritor ruso emplea más tiempo en la descripción de aquello a lo que se opone y sólo al final nos revela su tesis. Igualmente, David Cruz dedica la mayor parte del ensayo a retratar las características de los personajes nihilistas dostoievskianos para concluir con la descripción de ese pilar maestro que sustenta la novelística de Dostoievski: el Cristo.
Esto es, el Dostoievski polemista y el David Cruz polemista siguen la misma estrategia expositiva. Y utilizo el término de “polemista” en el buen sentido: en el sentido de sembrar discusión, incitar al diálogo y a la réplica.
Dostoievski, un Absoluto en la Modernidad es un texto que remueve muchas cosas: la interpretación y la visión convencionales que el lector medio puede tener de Dostoievski, la problemática de los valores éticos y estéticos de la Modernidad, la cuestión del desfase hermenéutico entre la emisión de un mensaje y su recepción… Es un texto valiente, arriesgado y que hace pensar y, sólo por esto, merece la pena ser leído.
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