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MICRORRELATOS GANADORES
LA MIRADA FRAGMENTADA: EL ESPACIO Y LA PALABRA EN TRES, DE ROBERTO BOLAÑO
Publicado el 20/01/10 por Eugenia Fernández
La mirada fragmentada: el espacio y la palabra en Tres de Roberto bolaño

                                  Un libro, incluso un libro fragmentario, tiene un centro que lo atrae. Centro no fijo que se desplaza por la presión del libro y las circunstancias de su composición. También centro fijo, que se desplaza si es verdadero, que sigue siendo el mismo y se hace cada vez más central, más escondido, más incierto, más imperioso. El que escribe el libro, escribe por deseo, por ignorancia de este centro.

                                                                    Maurice Blanchot, El espacio literario


El centro del Libro es un punto incierto, y ese punto es la ambigüedad misma. En El espacio literario de Maurice Blanchot, el punto central en la experiencia literaria es un punto en el cual la realización del lenguaje coincide con su desaparición, donde todo es palabra, pero donde la palabra misma no es sino la apariencia de lo que desapareció, es lo imaginario, lo incesante y lo interminable. No se trata de cualquier palabra, de la palabra bruta que se refiere a la realidad de las cosas, o la que permite narrar, describir, y nos da las cosas en su presencia, las representa, sino que en la experiencia literaria hay una palabra esencial que aleja las cosas, las hace desaparecer, y que es siempre alusiva, evoca, sugiere.

¿Por qué mencionarlo en este trabajo sobre un texto de Bolaño? Porque Tres es un texto que compele al lector a preguntarse por cierta sustancia de la escritura, que sería sustancia de la experiencia literaria, y lo enfrenta a la verdad de la palabra.

¿Qué es Tres de Roberto Bolaño?; La pregunta reúne en sí muchas otras cuando comenzamos a leer el texto; ¿quién narra o habla? ¿qué narra o de qué habla? ¿cómo clasificarlo si comprende poesía, narración, autobiografía y aforismo? ¿o quizás ninguno de ellos? El primer efecto es de parálisis cuando se aborda un texto como Tres, en el que no podemos determinar nada y nos vemos obligados a deambular por los alrededores de la escritura intentando penetrarla de algún modo, pero las palabras parecen tejer una malla impenetrable. El texto, a la vez que unidad insondable de sentido, se desmembra en su forma. El texto se disgrega en tres partes que a la par cruzan diversos registros, pero que se unifican en la intención de otra ruptura, la de todas las categorías.

Una pregunta entonces, a la que nos conduce el texto de Bolaño es ¿Qué es la obra?; Blanchot explica que cuando Mallarmé se pregunta: ¿Existe algo como las Letras? La pregunta es la literatura misma, la literatura transformada en la preocupación por su propia esencia. La respuesta es que la literatura no existe, es algo que no tiene lugar en tanto algún objeto que existe. Tres es la pregunta por sí y por la literatura, es la literatura misma transformada en pregunta y toda ella concentrada en un texto. Preguntándonos qué es Tres de Bolaño, nos estamos preguntando qué es literatura. Si nunca pudimos encontrarle una respuesta cierta y unívoca a esta, tampoco podremos encontrarla respecto de este volumen de Bolaño. Tres problematiza el concepto mismo de literatura y rompe todas las categorías que se han considerado hasta el momento como inherentes a ella: autor, narrador, personaje, lector, significado… como así también todas las clasificaciones literarias que conocemos y utilizamos: los tres grandes géneros literarios, lírico, narrativo, dramático (en los que las obras pretenden ser ubicadas rigurosamente no pudiendo pertenecer a más de uno a la vez).

Bolaño se encarga de disolver todas las categorías y todas las clasificaciones. El autor es personaje, el personaje es Bolaño y Bolaño es narrador y lector, al tiempo que nosotros también somos autor, personaje y lector. El significado es por lo tanto obscenamente inasible, ¿qué es el momento Atlántida que describe el autor? ¿Por qué el personaje mira por el calidoscopio? ¿Qué es la Universidad Desconocida?. En la primera parte “Prosa del Otoño en Gerona” no podemos casi constatar una anécdota, resulta muy difícil reconocer un conflicto y un desenlace, además, si bien sabemos que los narradores convencionales se agrupan bajo la primera y la tercera persona gramaticales, en esta primera parte, en apariencia narrativa, se utiliza una segunda persona que pocos han logrado componer con maestría en este registro (pienso en Carlos Fuentes):

    Te hace bromas, te acaricia. Un paseo solitario por los cines. (…) y ella te acaricia sin decir nada, aunque la palabra calidoscopio resbala como saliva de sus labios (…);

la segunda parte es un extenso poema, “Los neochilenos”, que por momentos es más narrativo que lo que pudo haber sido la ‘prosa’ anterior:

    El viaje comenzó un feliz día de noviembre
    pero de alguna manera el viaje ya había terminado
    cuando lo empezamos (…)
    Abordamos con gesto resignado
    la camioneta
    que nuestro manager en un rapto
    de locura
    nos había obsequiado
(…);

y la última parte es una enumeración de aforismos titulada “Un paseo por la literatura”: paradójicamente más poética que la segunda parte completa:

    2. A medio hacer quedamos, padre, ni cocidos ni crudos, perdidos en la grandeza de este basural interminable, errando y equivocándonos, matando y pidiendo perdón, maniacos depresivos en tu sueño, padre, tu sueño no tenia límites y que hemos desentrañado mil veces y luego mil veces más, como detectives latinoamericanos perdidos en un laberinto de cristal y barro, viajando bajo la lluvia, viendo películas donde aparecían viejos que gritaban ¡tornado! ¡tornado! Mirando las cosas por última vez, pero sin verlas, como espectros, como ranas en el fondo de un pozo, padre, perdidos en la miseria de tu sueño utópico, perdidos en la variedad de tus voces, de tus abismos, maniacos depresivos en la inabarcable sala de infierno donde se cocina tu Humor.

El tercer titulo nos da la clave del volumen, un paseo por la literatura… el texto es eso, un texto donde sólo se habla de literatura y no de otra cosa, no se habla de Gerona, ni de Bolaño, ni de un grupo de músicos, sólo se habla para dar respuesta a la pregunta y la respuesta que Bolaño parece darnos es que la literatura es un lugar desconocido, sin límites, sin fronteras, un desierto que la imaginación va poblando y por donde podemos caminar sin saber si en determinado momento nos encontraremos con un precipicio. La literatura sería el espacio del sueño donde todo se hace posible, donde en una misma enumeración encontramos a Sade y a Macedonio Fernández:

    9. Soñé que Macedonio Fernández aparecía en el cielo de Nueva York en forma de nube: una nube sin nariz ni orejas pero con ojos y boca.

    44. Soñé que traducía al Marqués de Sade a golpes de hacha. Me había vuelto loco y vivía en un bosque.

De un tiempo a esta parte al no poder responder qué es la literatura lo hemos intentado hacer por medio de clasificaciones, si nos ponen delante el poema del Mío Cid y nos preguntan qué es, nuestra primer respuesta nos llevaría a contestar “es poesía”; pero aunque esté escrito en verso su intención primera fue la de narrar y transmitir una historia que se suponía verdadera y se esperaba que todos conocieran y difundieran. Desde los orígenes de la literatura existe una imposibilidad de definición y clasificación de diversa cantidad de textos y Bolaño vuelve a plantearnos el problema de la pregunta por la literatura; nos hace pensar en algo que por imposible de resolver ya habíamos olvidado. Todos creemos saber qué es la literatura y buscamos sentirnos seguros repartiendo los textos en grandes grupos hasta que leemos textos como los de los nuevos escritores latinoamericanos, a Bolaño por ejemplo, o recordamos, como él a veces hace, a los maestros precursores (Macedonio dije, pero podría remontarme a Sarmiento, a Martí). En casos como el de Bolaño no podemos hablar desde términos como novela, cuento, poesía, etc. No es posible, solo podemos hablar de texto, entonces ¿Qué es Tres de Bolaño?: no es nada y es todo, es literatura.

La literatura, desde ciertas poéticas canónicas se dividió tradicionalmente en tres grandes géneros, el texto de Bolaño que nos ocupa se divide en tres y recibe el título de ese número, pero hacia el efecto irónico, ya que es un texto estallado en mil partes, Tres no es tres y se disuelve mostrando la esencia desmembrada y a la vez única de la literatura. Como bien sostiene Maurice Blanchot en El espacio literario, la obra literaria no es ni acabada ni inconclusa: es. Lo único que se puede decir es eso: que es; fuera de eso no es nada. Quien quiere hacerle expresar algo más, no encuentra nada; encuentra que no expresa nada.

La obra expresa todo y por ello, nada; expresa tantos significados como lectores exista y al mismo tiempo no expresa ninguno ya que el escritor ya no pertenece al dominio magistral donde expresarse significa expresar la exactitud y la certeza de las cosas. Escribir consiste en, explica Blanchot, romper el vínculo entre el “Yo” y los otros distintos de él; en retirar el lenguaje del curso del mundo. En “Prosa del Otoño en Gerona”, la figura del autor, el concepto de texto y el de personaje entran en juego para dar cuenta de que la obra no se expresa nada más que a ella misma y a nada que esté fuera de ella:

    Aquí el texto no tiene conciencia de nada sino de su propia vida. La sombra que provisionalmente llamas autor apenas se molesta en describir cómo la desconocida arregló todo para su momento Atlántida.

De modo que si escribir es entregarse a lo interminable, el escritor no puede dar vida a personajes ni garantizarles la libertad por su fuerza creadora. La idea de personaje, así como las formas tradicionales, no son sino uno de los compromisos por los que el escritor intenta salvar sus relaciones con el mundo y con él mismo. En la primera parte de Tres se evidencia claramente la intención de ruptura con la idea tradicional de personaje; éste no tiene más nombre que el de su categoría, el personaje se llama personaje:

    Mi personaje está sentado en un sillón, en una mano un cigarrillo y en la otra una taza de coñac. (…) es extraño, desde aquí parece que mi personaje espanta moscas con su mano izquierda. (…) Crac, su corazón.

Esta nueva forma de escribir es un entregarse a la fascinación de la ausencia del tiempo, de lo que es sin presente, de lo que no está allí ni siquiera como habiendo sido, el carácter irremediable dice: esto nunca tuvo lugar, nunca una primera vez, y sin embargo recomienza otra vez y otra, infinitamente. El presente muerto es la imposibilidad de realizar una presencia, imposibilidad que está presente, que está allí como lo que dobla todo presente, la sombra del presente que éste lleva y disimula en sí.

El lenguaje de Tres es el lenguaje de lo poético, es el lenguaje de lo irreal, ficticio y que nos entrega a la ficción, viene del silencio y regresa al silencio; escribir nunca consiste en perfeccionar el lenguaje corriente, en hacerlo más puro sino que es un acto que comienza sólo cuando escribir es la aproximación a ese punto donde nada se revela, donde, en el seno de la disimilación, hablar aún no es sino la sombra de la palabra, lenguaje que es solo su imagen, lenguaje imaginario y lenguaje que nadie habla, murmullo de lo incesante y de lo interminable al que hay que imponerle silencio, si se quiere al fin hacerse oír. Todo esto se hace patente en el texto por medio de la retórica del fragmento; éste el que hace evidente en la página el silencio, mostrando los grandes espacios en blanco, desde el que viene el lenguaje y el que permite que la palabra sea.

En El libro que vendrá Maurice Blanchot concluye que en una nueva concepción del espacio literario una frase no se desarrolla de un modo lineal, sino que se abre, y por esa abertura se escalonan, se desprenden, se espacían y se recogen, en profundidades de diferentes niveles otros movimientos de frases, otros ritmos de palabras, que están interrelacionados de acuerdo con firmes determinaciones estructurales aunque ajenas a la lógica ordinaria. Podemos pensar en la lógica del caleidoscopio, esos fragmentos de colores que se van uniendo por medio del movimiento y formando en cada giro una imagen, un significado nuevo; o quizás la literatura siga la lógica del sueño, cuyo recuerdo siempre es fragmentario y su conformación es ajena totalmente a la lógica ordinaria. Quizás la pista para encontrar respuesta a tantas preguntas sobre Tres nos aguarde en un aforismo que describe quizás la mirada del escritor o quizás la del lector:

    56. Soñé que un hombre volvía la vista atrás, sobre el paisaje anamórfico de los sueños, y que su mirada era dura como el acero pero igual se fragmentaba en múltiples miradas cada vez más inocentes, cada vez más desvalidas.

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