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MICRORRELATOS GANADORES
SONETOS DEL ÚTERO, DE ÓSCAR CURIESES
Publicado el 21/10/07 por Pedro Larrea

Sonetos del útero, Oscar Curieses (Ed. Bartleby, 2007).

¿Qué es, qué hay en Sonetos del útero? El poeta nos da muchas claves en las citas introductorias y en los agradecimientos. San Juan, Lorca, Vallejo, Beckett, Picasso, el cubismo… Es cierto, todo esto está aquí. Pero no sólo ni a solas. Ni hasta ahí. No nos sirve para describir el libro. Si tuviera que elegir un patrón de entre todos los sugeridos por Curieses, sin duda me quedaría con Vallejo. Y es que en el autor de estos Sonetos se cumple lo mismo que decía, partiendo de una polémica con Bergamín, Juan Ramón Jiménez sobre Vallejo cuando comparaba a este con Alberti: el gaditano es de esos poetas que lo cogen todo de fuera, mientras que el peruano lo saca todo de dentro. Eso hace Oscar Curieses literalmente, hasta la víscera.

La víscera. Hay aquí un retorno a la sangre preexistente al ser, a la sangre de sangres que engendra la vida, la poética de esta palabra, al génesis, así en minúscula, de los músculos no de un dios-hombre sino de un hombre consciente hasta el verso, de su materia, de la que le compusieron por sentencia y desde la que compone. No es el Hombre whitmaniano, positivamente creado, ni el ombre, sin hache y sin salida, que ha perdido hasta el atributo de la voz. Es el hombre, y Sonetos del útero establece su mapa genético y genésico, y los distintos eslabones de la cadena de su estirpe.

La cadena. Beckett. Hay aquí también una fatalidad, no tan terriblemente sin sentido como en el irlandés, ante la consciencia de la concreción de la vida, de la carne, la muralla que se protege a sí misma, a la ciudadela doble que forma junto al alma. La cadena del engendrador, de la engendradora, del yo mismo que repite un eco de eones a través del hueso, del sexo, de la mente y sus fluidos, que son los del padre, los de la madre. Los del otro, que NO es el yo por voluntad. Porque en estos poemas no se repite la tan trasegada armadura de la otredad simple, de la bipolaridad ya de saldo en poesía. No. Aquí se trata del poliedro.

El poliedro. Aquel ser que soy yo dependiendo de por donde entre la luz. Porque aunque la luz nunca entra por el mismo ángulo, siempre entra por el mismo cuerpo. Esta noción conforma uno de los pilares de este libro. Sí, Picasso, Cubismo. Pero Curieses no se queda ahí, porque en poesía el tiempo nunca se suspende: se aminora, y es en este doblez donde la voz se encuentra con su ascendencia, y en ese espacio temporal que se forma entre uno y los otros de la sangre es donde se inicia y tiene lugar este discurso. Poliedro. Útero.

Útero. El origen, el sexo, la herencia, la identidad y su búsqueda. El no se qué de Juan de la Cruz y el obscenamente puro color fruta de Cezanne. La mujer y el hombre que nos crearon afinando como se pudo nuestra voz; el hombre o la mujer que somos junto al hombre o la mujer que contribuye, que comparte plenamente nuestra propia creación, que es la suya, que es otra fusión. El principio y el final como fragua. Eros. El metal y el fuego que forjan la trabazón de los huesos. Forja. Sonetos.

Sonetos. Ritmo de soneto. Ritmo. Pulsación. El soneto es aquí sólo un punto de partida, es la inauguración de cien avenidas en festivo. Y en sus compases posibles vamos desde Safo hasta Cage, desde el himeneo hasta el silencio, que es el cajón donde se guardan las palabras, en un espectro tonal que deja atrás en oído a muchos otros que escriben hoy. La indagación de la sangre ha sido paralela a la indagación de la música, del ritmo con que acontece todo lo vivo, que es lo vivo. Esta doble incisión es Sonetos del útero.

Biolencias es una colección radical, como corresponde a una premonición, esto es, a un heraldo. La escritura de esa colección, previa a Sonetos del útero y a cuya naturaleza temática y de exploración se adscriben, es la azada, el tajo que se abre para hincar la semilla, caliente y ansiosa, de estos últimos. Y, como tal, no llega aun a ser redonda, cumplida, pero no por carencia sino por exageración, aunque el mismo título, Biolencias, nos alerta de ella para que la aceptemos en su desgajo. Si bien la inclusión de notas al pie como elemento poético a veces resulta en una meta poesía o meta voz no imprescindible para la intensidad del poema, también supone una exposición y aceptación del margen como espacio habitable en el extremo máximo de lo poético, que queda patente en el verso primordial, la matriz de estas Biolencias: Tan cerca ciñes tu abrazar que me desuellas, que es además la bisagra, el preludio, el puente que nos lleva de la orilla al barco, de la intuición a la plenitud.

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