Por qué tengo razón en todo, de Leszek Kolakowski (Melusina, Barcelona, 2007. Traducción de Jerzy Slawomirsky y Anna Rubió Rodon).
Leszek Kolakowski es el filósofo polaco vivo más importante. Su larga trayectoria, su vitalidad y su peso en el pensamiento social contemporáneo lo convierten en una referencia imprescindible. Conocido sobre todo por su paso del marxismo (que cultivó sólo en breve y temprana época) a la crítica sistemática (y acertada) del mismo como medio de organización social (lo que le llevó ineludiblemente al exilio), vemos reunido en este volumen, en forma de artículos y conferencias, lo más representativo de su pensamiento entre los años 80 y 90, sin faltar otras preocupaciones máximas como son la religión, el pensamiento utópico, la política... De hecho, sólo la parte final de este recopilatorio está auténticamente dedicada al marxismo y las objeciones que suscita, también porque, sin más remedio, la actualidad de tales especulaciones se fue diluyendo a lo largo de la última década del siglo XX. Además, Kolakowski consideró probado con anterioridad a su final oficial que el marxismo llevaba a un callejón sin salida, y que las supuestas aberraciones totalitarias del mismo son una consecuencia lógica de las premisas contenidas en el mismo. No es de extrañar, pues, que la producción de Kolakowski en las últimas dos décadas esté enfocada en otros terrenos limítrofes. Es significativo, sin embargo, y tal vez porque supone un cierto punto de arranque a todo lo recogido en este libro, que el provocador título del mismo sea el correspondiente a la réplica que Kolakowski hizo en forma de carta abierta a los ataques de un pensador marxista a mediados de los 70, y que aparece recogida al final del volumen. Y es que Kolakowski resulta, ante todo, eso, provocador, lo que constituye, ex aequo con la claridad en la exposición, la auténtica cortesía del filósofo.
Lo que nos espera en Por qué tengo razón en todo queda patente al repasar las partes en que se divide: I. Utopía, apocalipsis, cristianismo, II. La verdad, la justicia, la historia y otras curiosidades, III. La política y el diablo, IV. Dale que te pego sobre el comunismo, sobre cómo cayó y cómo fue abandonado, V. Summa. Quitando esta última parte, que es un divertido y mordaz glosario, el resto es suficientemente revelador. Dada la importancia que ha adquirido el cristianismo en el pensamiento de Kolakowski, cabría dejarse guiar en la lectura por un cierto prejuicio..., el de los movimientos pendulares. Esto es, formado en un extremo, el marxismo, nuestro autor hubiera viajado hasta el otro, la religión cristiana. Con ser esto cierto a grandes rasgos, la transformación real de su pensamiento y la hondura de las reflexiones de Kolakowski no permiten reducir su talla intelectual y sus palabras en Por qué tengo razón en todo a tan escasas dimensiones. Y es que su entrenamiento en el marxismo y en el antimarxismo le han convertido en un observador privilegiado para las amenaces de la modernidad. En un lenguaje suficientemente alejado de las abstrusiones de los filósofos que abrieron el siglo XX, Kolakowski aborda con gran profundidad los temas que configuran nuestra sociedad de hoy, sus herencias, sus defectos y carencias, sus perspectivas. Nuestra sociedad de hoy, es decir, la Occidental, porque Kolakowski es honesto y coherente al dejar esto claro en varias ocasiones: su competencia, por formación y espíritu, no puede predenter llegar narcisistamente a otras civilizaciones.
Estamos ante un libro que ofrece más dudas que conclusiones, y casi todos los capítulos terminan sin respuesta o guía clara, pero es evidente que estamos delante de unos textos muy adecuados para ayudarnos a afrontar los dilemas morales de la actualidad. En este sentido, Kolakowski se comporta como auténtico filósofo y se olvida de veleidades divulgativas: la escritura es diáfana e inteligible, sí, pero no se limita a parlotear descuidadamente. Se compromete, se arriesga por sus creencias (pues detrás del filósofo siempre está el hombre), pero no busca prosélitos, sino empujarnos hacia la reflexión. Su estilo, agudo y penetrante, recuerda inevitablemente (de forma especial al referirse al marxismo) al de otro pensador occidental recientemente fallecido, Jean-François Revel, quien, en libros como El conocimiento inútil, no se cansó de apuntar lo desastroso de cierto izquierdismo del pensamiento occidental que toleraba, por cuestión de principios, los totalitarismos marxistas. Es esta misma línea consecuente y sin miedo a la objeción la que nos aguarda en Por qué tengo razón en todo, donde, a la postre, tener o no razón no es lo que importa, sino movernos en libertad en medio de las amenazas que nos acechan de nuevos y más sutiles totalitarismos.