España, de Manuel Vilas (DVD Ediciones, 2008).
España, así, para empezar, es una antiutopía, una antiutopía que a veces se parece curiosa y peligrosamente a la realidad. Y ese lugar antiutópico del que nos habla Vilas lleva por nombre
España, así, en cursiva, que no es lo mismo que la España que conocemos todos.
Manuel Vilas ubica los acontecimientos de su novela en un presente que casi siempre es un futuro, y viceversa. Y situado en ese topos ucrónico puede permitirse una libertad absoluta como narrador que es de esta novela carnavalesca (o carnivolesca, o lo que sea). Desde esta ucronía escribieron también Luciano de Samósata, Rabelais, Jonathan Swift o Arno Schmidt, por poner cuatro excepcionales ejemplos. Y es que si uno quiere ejercer de francotirador (y Manuel Vilas lo es, y bastante certero) lo mejor es situarse en un lugar -literario- que disculpe -siquiera un tanto- la acrimonia y el verbo vitriólico. O sea, que lo mejor es unirse a una comparsa de carnaval o, si no, crear una propia. Porque el carnaval es ese lugar donde todo (¿o no?) está permitido. Sólo así un tal Juan Carlos II ha podido decir >Me gusta la gente o Fidel puede proclamar en un discurso que ...
somos lo más importante que ha sucedido desde el italiano Bolívar; no, desde el catalán Colón. Incluso más allá de Colón. Lo más importante desde Jesucristo, que era cubano; o escribir cosas como ésta:
Huesca, provincia de Zaragoza, que es provincia de Toledo. Son ciudades vascas del siglo XV. Ciudades que dieron origen al reino de Murcia. El reino de Murcia fundó España, con la coronación del rey Benicarló VI, conocido con el sobrenombre de "el portugués". Bueno, todo son antiguas ciudades-estado de España.
En
España, una socialdemocracia, funciona un sistema tecnológico denominado Noevi, un
procedimiento de resurrección de la verdad a partir de lo que pensaron los otros, nuestros semejantes. Un sistema perfeccionado por su nueva versión, más sofisticada, el Noevi Te A, un mecanismo de implantación cerebral que recoge la información y que la traslada a unos receptores, un mecanismo que "sin duda" constituye un beneficio para la humanidad al ser capaz de detectar pensamientos perjudiciales para los integrantes de la comunidad, al tiempo que permite el aprendizaje acelerado de idiomas. Dicho con otras palabras, el
soma de esa novela futurista que también es
España. Nada escapa al espíritu rabelesiano de Vilas quien, como el francés, es capaz de mostrarnos lo más sórdido y dibujarnos a un tiempo una sonrisa en la boca. Cierto que hay capítulos terribles como el de "Póker" o "Los nuevos mártires", pero el tono general de
España es hilarante, a lo cual contribuyen las frecuentes y disparatadas notas a pie de página (que constituyen una especie de metaficción dentro de la ficción), con las que pretende el autor facilitar la tarea de un futurible traductor de la novela.
Entre el extenso repertorio de variantes narratológicas de las que hace gala
España se incluye la autoficción (con fotografía del autor incluida) e incluso una entrada de blog (manuelvilas.blogspot.com). El sentido del humor parece llegar hasta la nota final de impresión, que reza:
la novela España,
de Manuel Vilas, logró imprimirse y encuadernarse con éxito... Incluso el propio editor, Sergio Gaspar, aparece repetidas veces en las páginas de esta novela, quizás para que nada escape al vigoroso instinto de ficción de Manuel Vilas. Y es que
España, a pesar de su fragmentariedad, es una buena muestra de la voluntad de ficción dentro de una literatura (la española) en la que a veces resulta difícil alcanzar la velocidad de escape que contrarreste la atracción realista que gobierna buena parte de la producción narrativa.
La literatura es otro de los ingredientes fundamentales de
España. Se parodian autores y movimientos literarios que llegan hasta nuestros días. Personajes de novela como Arturo Belano tienen su lugar en estas páginas (el 2666 de Bolaño se convierte aquí en 2172 o 346789987, por poner sólo dos ejemplos). Ejemplar a este respecto es el capítulo dedicado al mejillón cebra, esa nueva especie capaz de proliferar hasta el punto de constituir un peligro y que Vilas acaba convirtiendo en una metáfora de lo que se avecina (o de lo que quizás ya esté aquí, ya dijimos que la
España de Vilas se parece peligrosamente a la España actual) cuando afirma:
Un mejillón cebra es lo más simple del mundo: una cáscara y un músculo, y a funcionar, eso es todo. Y funciona. Pronto invadirá la literatura. Ya veo a futuros Gregorios Samsas convertidos en mejillones cebras. Ya veo a las cucarachas convertidas en pequeñas mariposas domésticas, e inofensivas si se las compara con el mejillón cebra.
Manuel Vilas cuaja, en definitiva, una obra en las antípodas del aburrimento o de la indiferencia, una novela que demuestra que el pulso de la narrativa española es capaz de golpear todavía con fuerza, una novela hecha contra tirios y troyanos, contra el encorsetamiento literario y político (quizás pocas obras actuales atenten como la
España de Vilas contra la sacrosanta y omnipresente corrección política) y en la que, por encima de todo, sale triunfante la literatura.