Paradoxia, de Lydia Lunch. (Editorial Melusina, 2008. Prólogo de Virginie Despentes. Epílogo de Thurston Moore).
Paradoxia empieza con un golpe en el pecho. A lo largo de toda la obra vamos descubriendo que el puño escondía un cuchillo y poco a poco, nos vamos desangrando sin remedio, cruelmente, para terminar con un escupitajo en la herida que nos han ido ensanchando sin que a nadie le importe nuestro sufrimiento incluso más bien, siendo conscientes de que alguien está disfrutando del mismo. Queríamos placer y he aquí que encontramos dolor. ¿Pero no hemos aprendido al final que ambos pueden ser lo mismo?
El libro se editó por primera vez en inglés en el año 1997, y ahora más de 10 años después, la editorial Melusina nos recupera esta joya con vocación autobiográfica deudora de la prosa más exquisita, descarnada y nihilista de Bataille, Sade, Burroughs o el análisis de Genet. Y es que Lydia Lunch, a menudo denominada musa de la no-wave, lleva muchos años caminando por el lado salvaje. Despues de militar en bandas experimentales y extremas, como Teenage Jesus & The Jerks, colaborar con Nick Cave, desarrollar una labor creativa de vanguardia en el plano de lo escénico, lo audiovisual y la spoken-word, que está más allá de toda crítica, en esta obra se nos desnuda con una narración altamente poética con un poso de autobiografía, dándonos solamente un retazo, ya que como bien decía hace poco en una entrevista, si realmente hubiera contado detalladamente lo que fue su vida durante esos años el resultado habría sido bastante más caótico y espeluznante.
A lo largo de sus páginas se nos cuenta la historia de una superviviente, libérrima, que se adapta y ejerce su libertad por encima de todo convencionalismo, convirtiendo lo que para otros pudiera ser un trauma o una tragedia vital en un arma más para luchar por la existencia en un mundo perverso en el que nada tiene sentido salvo el placer. El abuso sufrido en la infancia por un padre desnaturalizado, en este caso exacerba la sexualidad de la narradora convirtiéndola en un depredador insaciable que navega por derroteros tortuosos de los que es precisamente causa y efecto, naufragando en la salvación y la culpa.
Con una prosa dura, pero a su vez con un grado bastante considerable de lirismo, la novela nos va sumergiendo en los lodos de la perversión de una forma inmersiva y enfermiza de forma profunda hasta tocar fondo en las capas más viscerales del subsconsciente.
¿Que es la libertad?
Javier Corcobado (que mantiene curiosamente ciertos puntos en común con Lydia Lunch como músico-interprete y escritor) dice -en ese canto al nihilismo y desesperación que es su disco Tormenta de Tormento- , que es la cárcel más grande de todas las cárceles. No estoy seguro de si la protagonista del libro estaría de acuerdo con esta opinión, de todos modos...
¿Acaso importa?