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MICRORRELATOS GANADORES
MIS DOS MUNDOS, DE SERGIO CHEJFEC
Publicado el 23/11/08 por Javier Moreno
 
Mis dos mundos, de Sergio Chejfec (Ed. Candaya, 2008).

Hace poco un conocido diario publicaba un extenso artículo en el que se estudiaba cómo la lectura en internet podía llegar a modificar la mente humana. La lectura rápida, en "diagonal", y la falta de profundidad aparecían como contraindicaciones de ese mundo en apariencia maravilloso que es la red. Pues bien, como sólido argumento contra esta interpretación o, al menos, como contrapeso, podría servir esta novela de Sergio Chejfec. Contra la fugacidad de la información, el autor de esta novela nos propone una profundización en la experiencia por la vía de una atención minuciosa, de una ampliación telescópica de lo aparentemente anecdótico. Hasta ahí la literatura obraría como antídoto contra esa crítica (de raigambre inconscientemente platónica) de la lectura en internet. Pero Chejfec dejaría mudos a esos críticos cuando pone en boca de su personaje las siguientes palabras:

durante las caminatas me gana una sensibilidad digital, desplegante [... ] Los puntos o circunstancias donde concentro mi atención toman la forma de enlaces de internet: no solamente se trata de los objetos mismos de observación, en general urbanos, pertenecientes al mundo de la calle o de la vida en general de la ciudad, precisos en sus formatos y discriminados del entorno, también significan la asociación que sugieren, la reminiscencia de lo percibido como relacionado, como parecido o directamente como distinto, o sea, en cualquier aspecto que uno pueda establecer esos vínculos.

Estamos de nuevo ante la magdalena proustiana, pero sofisticada y multiplicada. De hecho, el personaje nos habla en un momento dado de un curioso objeto encontrado en uno de sus viajes, un reloj cuya peculiaridad consiste en que las agujas marchan en sentido contrario del habitual, metáfora objetual del gusto de Chejfec por el anacronismo y la reconstrucción del pasado de su personaje. Una voz, la del personaje, que se confunde muchas veces con el narrador, de modo que nunca sabemos hasta qué punto esta novela se clasificaría dentro de ese género en boga en nuestras letras que es la autoficción.

De Mis dos mundos podría decirse que se trata de una novela donde aparentemente no ocurre casi nada. El personaje anhela la visita a un parque de una ciudad brasileña. La preparación de la excursión y el recorrido por dicho parque agotan la peripecia de la novela. Pero hemos dicho aparentemente porque, como ya adelantamos al principio, Chejfec posee el don de dilatar el tiempo (ninguna sustancia más maleable que el tiempo, algo que ningún escritor debería olvidar) y con ello la narración a través de la remembranza o de la asociación de ideas (esos enlaces mentales fácilmente asimilables al hipervínculo dentro de la web).

El gusto por lo anecdótico y lo convencionalmente insignificante, así como la naturaleza errática del personaje, aproxima la narrativa de Chejfec a la del suizo Robert Walser (parte de las escenas rememoradas por el personaje tienen lugar en Suiza, precisamente). Como el suizo, Chejfec no ahonda en lo anecdótico para parodiar algún otro componente más o menos trascendente, sino que su virtud es precisamente la de descubrirnos la trascendencia que yace oculta en lo insignificante; insignificancia que, vista desde los ojos del narrador-personaje, acaba mostrando en ocasiones su paradójica tangencia con lo sublime. Chejfec rompe asimismo estereotipos al describir la visita de su personaje -de origen judío- a una ciudad alemana. Ocurre que allí es incapaz de sentir nada, ninguna sensación de incomodidad o de venganza. Nada, en absoluto. Chejfec da con la puerta en las narices a las expectativas y a los tópicos que pudieran acompañar al lector acostumbrado a ese -casi- género que sería la literatura del Holocausto. La ingenuidad desprejuiciada de la mirada del personaje se manifiesta de manera ejemplar en un exquisito pasaje donde aquél entabla un franciscano diálogo con las criaturas (peces, tortugas...) que habitan un estanque. Reelabora aquí Chejfec, aunque de manera minimalista, el mito órfico del poeta como conocedor del lenguaje de la naturaleza, capaz de 'encantarla' con sus palabras. Podemos concluir afirmando que Chejfec logra un equilibrio entre dos mundos, el de la contemplación y el del viaje (la solicitación de la alteridad); equilibrio que vendría dado por el reconocimiento de que en la contemplación puede aguardar un viaje maravilloso guiado por la imaginación y los secretos viaductos de la temporalidad; visiones que Chejfec, con extrema delicadeza, sotto voce, logra convertir en auténticas epifanías.
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Deriva es una revista digital de literatura y cine. ISSN 1697-4220. Madrid. España.