Grietas
Coge las fotos. Deja
el dudoso valor de otros objetos,
el polvo en los rincones,
los muebles de ultimísimo diseño,
pero coge las fotos.
Abandona facturas,
el peso muerto de tus ambiciones,
el estuco, el papel de las paredes,
prescinde de los electrodomésticos,
pero no las olvides, custodiadas
precariamente en álbumes
o en cajas de galletas.
Porque esos del papel,
los que no están, sí importan.
E importan los lejanos
y el tú que sobrevive agazapado
en un rincón de ti
y en un rincón del hoy
que se te está escapando por las grietas.
No decline tu risa
Sabes que me complace
ensombrecerte el día
con mis juegos retóricos
de tahúr resabiado.
Pisar la frágil flor de tu alegría.
No decline tu risa
de cristal transparente
por más que yo me empeñe
brutalmente en quebrarla.
Todo el tiempo lo cura
Todo el tiempo lo cura.
Porque se nos adiestra en la ceniza,
en comprender la juventud como algo
anómalo e insidioso,
quizá sólo redima del trance vergonzante,
o acaso dulcifique la sentencia
inculpatoria que nos merecemos
argüir que es transitoria la embriaguez,
el de vino tesoro de esta nefasta pasa.
Es lamentable, desde luego,
no disponer siquiera del consuelo
aprendido en los libros y películas:
colores de memoria, blando y negro,
fotos para ensañarse en la melancolía.
Son nuestra parca recompensa
desalmadas palmadas en la espalda:
ya se te pasará, de veras; yo, a tus años,
también me atosigaba en los ambientes
tan propicios a ácidas digestiones.
Y aunque yo reconozco el haber ido
porteando, con afán de prestigiarme,
tomos que los tomé, lo más, el lomo,
también haber buscado
el ciego asenso y el aprecio
del erudito así como del necio,
¿qué puedo hacer ahora con la corta
memoria que me asiste?
¿Qué haré de mi impostura,
mi exacta máscara de triste?
Poco sé, con la edad
pero me basta te suministraremos la paciencia
para saber en dosis controladas
que por fuerza ponedle la camisa
todo el tiempo, locura.