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MICRORRELATOS GANADORES
ENTREVISTA A JUAN JOSÉ ALMAGRO IGLESIAS
Publicado el 12/05/08 por Oscar Curieses
Entrevista a Juan José Almagro Iglesias tras la publicación de su libro El hombre bañera (Bartleby, 2007).

Óscar Curieses: Los poemas de El hombre bañera (Bartleby, 2007) no se parecen a la poesía en escrita en lengua castellana que se publica y se ha publicado mayoritariamente en España en los últimos años. Lo más semejante que he encontrado es la poesía que escribía Leopoldo María Panero al principio de su trayectoria en Así se fundó Carnaby Street. ¿Existe una voluntad de diferencia con respecto a lo que se escribe actualmente o simplemente nace así?

J. J. Almagro Iglesias: Nunca me había planteado una voluntad de diferenciación. Tan sólo existía una querencia artística relacionada con el uso de la palabra. Cuando la mayor parte de los poemas ya tenían su forma y respiraban por sí solos, es cuando empecé a invertir tiempo en lecturas sugeridas por amigos. Las traducciones y trabajos universitarios de investigación tuvieron el objetivo de entender mejor cómo los poemas consiguieron ponerse de pie y andar, más que profundizar en el conocimiento de las tradiciones poéticas.

Últimamente se afirma que la novedad ya no es un valor para considerar lo valioso o no de los textos. Por lo general, ese argumento se sustenta en la crítica que se ha llevado de los trabajos más experimentales de las vanguardias. ¿Tiene tu libro algo de vanguardista o experimental?

Hay que ser un gran conocedor de la materia poética para forzar el viaje desde la retaguardia a la vanguardia. Para mi las trincheras son aún toda una aventura.

¿Cuáles son las fuentes de tu escritura? Rastrear influencias parece una tarea complicada. ¿Existe una voluntad de borrado en el texto de esas fuentes?

El rastreo de influencias ha sido toda una sorpresa y un proceso atípico. Más que recordar carreras y capturas, he tenido que olfatear matorrales y levantar la presa señalada por otros. Amigos con una cierta trayectoria en la creación literaria, en la traducción y en el estudio de la literatura con mayúsculas me pusieron en la pista de gestos líricos parecidos a Vallejo, a Alejandra Pizarnik, o a Ferrer Lerín. Acudí a ellos, sentí afinidad en la dicción y entendí muy bien su contundencia.

Naciste en 1966 y creo que El hombre bañera es tu primer libro de poesía publicado, ¿Cuándo terminaste de escribirlo y cuál fue el proceso de creación de la obra?

El hombre bañera me ha llevado cuatro años de trabajo. Lo terminé en la navidad del 2006. Comenzó sin ninguna voluntad de convertirse en tal. Empezó a tomar forma gracias a la ayuda de mi amigo y poeta Carlos Jiménez Arribas. Sus dos libros Manual de Supervivencia (2002) y Darwin en las Galápagos (2008) son muy importantes para mí porque me han mostrado la rotundidad que el poema en prosa da al pulso poético. Carlos creyó en los poemas desde su gestación y me animó a continuar. El proceso de creación es muy rudimentario. Anoto palabras que oigo o leo y también sensaciones que me dejan ciertas imágenes. Estas palabras e imágenes resuenan y se proyectan en mi mente durante días. Es el momento de sentarme y desentrañar la historia que las une. Por muy irracional que resulte la combinación, hay un segundo en que se vuelve lógica y necesaria.

En tus poemas el vacío y la desaparición son elementos de gran importancia, pero estos elementos se alejan, creo, de los tratamientos que le han dado Valente o Celan, por ejemplo. No parece haber nada metafísico en ello, ¿qué función tienen ambos elementos en tu escritura?

Este nivel de reflexión creativa al que me enfrentas supera mi consciencia como poeta. Soy incapaz de recordar poemas o analizar esencias líricas como lo haría un profesional de la crítica. El título de mi libro está explicado en la primera página: la naturaleza del proceso de aprendizaje de las palabras me sirve de metáfora para ahondar en todo aquello que explica el instituto humano, todo aquello que queda sumergido, ensordecido u olvidado en el agua de la bañera, todo aquello que sucede entre la cabeza (la razón) y los pies (el movimiento). El vacío y la desaparición no son tales. Siempre hay sonidos, algunos imperceptibles - lo cuál subtitulo en un poema como “un todo herciano”.

Mi experiencia de la lectura ha sido muy diferente a la de otros libros. De un lado a medida que leía los textos, estos parecían apagarse, es decir convertirse en algo muy hermético. Pero muy poco después, comenzaban a brillar ganando una intensidad progresiva. ¿Qué relación guarda la belleza con el hermetismo en el libro?

La parte de los poemas que nunca me causaron problemas fueron los finales. Los vi muy claros, con la combinación de palabras que quería y con la gravedad con la que nacieron. Me costó más traducir esa inercia necesaria –y quizá de ahí su hermetismo- para que todo desembocase bien en un salto de agua, bien en un lago profundo. Algo definitivo. Creo que cuando se entiende la desembocadura se entiende el empeño del agua por llegar.

Todo el libro está planteado como una serie de olvidos, cuatro secciones y cuatro olvidos. ¿Qué relación guarda eso con la memoria y la identidad?

Soy una persona a quien se le olvida mucho lo que lee, las películas que ve, y que aprende muy lentamente. Pero sí que recuerdo muy bien las palabras y los gestos de las personas en circunstancias muy determinadas.

¿Tienes obra inédita u otros libros en proyecto?

Es curioso, pero los primeros poemas que publiqué fueron en inglés. La Universidad de Edimburgo organiza anualmente un curso internacional de verano de creación literaria. Quería hacer algo distinto al típico curso de formación de profesores de idiomas y la idea de combinarlo con la creación poética era un desafío que había que aceptar. Fue el verano del 2003. Semanas muy intensas tanto en lo académico como en lo personal con gente de todo el mundo con la misma voluntad artística. Una vez acabado el curso, la Universidad editó una revista con contribuciones de todos los alumnos, tanto novelistas como poetas. Mi compromiso con la poesía creció cuando vi cómo mis palabras pertenecían a la página. En cuanto a tu pregunta sobre proyectos futuros, debo deciros que estoy trasteando con el relato corto pero me puede aún la sentencia cuya medida justa la vivo con el párrafo. Por otra parte tengo la sensación de que dije todo lo que tenía que decir.

Por último te preguntaré sobre la traducción. Has traducido para Bartleby la obra de Billy Collins y Sharon Olds. Sin embargo, yo no he advertido su influencia en tu escritura. ¿Cómo se relaciona tu obra con los autores que traduces?

Las traducciones también forman parte de ese interés por asomarme al sentimiento poético de otros, a cómo cada uno fabricamos un constructo metáforico en el cuál vivimos. Sí me sorprendió descubrir que Collins y yo hablamos de un faro y de cómo su luz va barriendo la superficie a su paso (imagen que él reconoce haber robado de Ferlinghetti). Increíble esta coincidencia transoceánica y transgeneracional entre el inglés y español, lenguas que tienen un ritmo y una imaginería distinta.
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