Historia argentina, de Rodrigo Fresán (Anagrama, 1993).
Historia argentina supone algo así como el Big Bang de la obra de Fresán, el caleidoscopio donde se nos muestra in nuce el resto de su obra, la frase musical que está detrás de la fuga que componen todos sus libros, uno tras otro, el uno junto al otro. Y es que Rodrigo Fresán domina como muy pocos escritores el arte de la fuga. Punto y contrapunto (des)armonizando a través de ese instrumento de infinitas tonalidades que es la escritura, ésta sería la estructura básica (y como toda estructura, en el fondo inexacta) de los relatos de Fresán, no sólo aplicable a esta primera saga de Historia argentina. Pero vayamos por partes.
Que Historia argentina funcione como mise en abîme de lo que será el resto de su obra (al menos la editada, que nada sabemos de la futura) resulta evidente para el lector menos atento pero, por si acaso, el propio autor lo deja claro en sus "Efemérides", último apartado de esta renovada edición de un libro que se publicó hace ya quince años en Argentina. Tomándole prestada la palabra al propio escritor:
“...porque de aquí ha salido casi todo lo que vino después: voces enviando mensajes desde un futuro imperfecto, delirios mexicanos, textos iniciáticos y ajenos, la condición de escritor como karma y privilegio, los muertos que se niegan a ser olvidados y los amnésicos que se niegan a recordar sus vidas, epifanías religiosas, mesías secretos, la infancia como tierra baldía o como Neverland donde todo puede ocurrir y ocurre, la espasmódica relación entre las singulares primera y tercera persona, y todo eso”.
Y en el "todo eso", yo añadiría, al menos, una conciencia proustiana de la memoria como territorio privilegiado para la narración, como materia infinitamente maleable, extensible, con la que configurar los trampantojos de la realidad/ficción, y viceversa. Y, cómo no, la técnica de la fuga porque, repito, Fresán escribe como quien toca un instrumento, y los personajes y las situaciones aparecen y desaparecen no tanto guiados por una lógica sino por una necesidad rítmica, por asociaciones que obedecen menos a la necesidad y a la verosimilitud aristotélicas que al acorde sentimental y a la conexión de recónditas analogías. Y sin embargo, al final todo acaba siendo necesario pues ya desde este primer libro Fresán muestra un dominio sobresaliente de la técnica narrativa (no conozco ningún libro de Rodrigo que no hiciese las delicias del más exigente de los narratólogos). Así, resulta necesario que un rayo volatilice en una playa a un corredor con ropa deportiva naranja (El sistema educativo) o que un joven escritor derribe a un Borges ya invidente al doblar una esquina (Histeria argentina II).
En cuanto al arte de la fuga, haré provisión de algunos ejemplos. En El aprendiz de brujo es la historia de Disney la que hace de punto (o contrapunto) de la peripecia de un limpiador de hornos de un famoso restaurante de Londres. En el cuento Gente con Walkman Alejo, el personaje, lee un libro con el mismo título: Walkman people, un libro cuyos pasajes coinciden extrañamente con los acontecimientos de su propia vida. En La Roca Argentina (12 Grandes Éxitos) es Bob Dylan el que sirve de contrapunto al personaje de La Roca, afamado músico argentino. Y baste con estos tres ejemplos, de momento.
El músico llamado La Roca, Canciones Tristes, Alejo... Lugares y personajes que se repiten a lo largo de la obra de Fresán y hacia los que converge una vez tras otra su escritura. Elementos que configuran un atractor extraño que bien podría intitularse "Atractor Fresán" y que ya pueden encontrarse en Historia Argentina.
En cuanto a la posible discusión acerca de la naturaleza genérica de esta obra, si una novela (opción a) o un conjunto más o menos estructurado de cuentos (opción b), el propio Fresán la resuelve sugiriendo que la respuesta correcta siempre es la c). Multitud de personajes nombrados en algunos de los cuentos resultan protagonistas o secundarios de otros cuentos de la serie, conformando un todo orgánico que comparte rasgos genéricos con el cuento y la novela. Llámesele "novento" o "cuentela", o como se quiera. Otros nombres para la opción c).
Y, at last, but not least, la constatación al leer éstas y otras páginas del autor de que Fresán escribe como respira, con la misma imperiosa necesidad, con la misma aparente facilidad, de que estamos ante uno de esos seres cuyo hábitat es el universo literario, habiendo sabido encontrar en él su auténtica naturaleza.